La Visitación

S.XVI • Cristóbal Llorens II

María, nos dice el Evangelio, va aprisa a una ciudad de las montañas de Judea a visitar a su prima Isabel. Es un encuentro de dos grandes mujeres elegidas por Dios, Isabel, madre de Juan el Bautista y María, de Jesús. 

   Un pintor del siglo XVI ha sabido comunicar con su arte el mensaje de alegría y de fe que encierra la escena. Los dos rostros serenos, finos, comunicativos; las dos figuras vestidas con sencillez y a la vez con elegantes ropajes. Es el principio de la gran aventura de fe de la que Juan Bautista será el precursor.

 

Los Santos Desposorios

S.XVI • Cristóbal Llorens II

Esta tabla es del siglo XVI y representa los Desposorios de San José y de la Virgen María. Tres son los principales protagonistas de la escena, los contrayentes y el sacerdote en el centro. Tanto san José como la Virgen están acompañados, él por varones y ella por mujeres. Las miradas del grupo de los cinco hombres se corresponden con las de las mujeres, un caballero de perfil y una dama también. Las miradas de San José y la Virgen son limpias y en sus rostros se refleja paz y alegría, sencillez y candor. 

    El autor a querido colocar al Espíritu Santo en forma de paloma, como testigo celestial del acto matrimonial; ya nunca se separará esta singular pareja. La pintura es excelente y manifiesta gran belleza.

 

La Huida a Egipto

San José con María y el Niño Jesús deben huir a Egipto, Herodes quiere atentar contra el Niño. Esta tabla, muy sencilla, pero hermosa y fina, muestra la escena evangélica; al santo esposo, custodio del Redentor se le ve cogiendo dátiles de una de las palmeras. Según cuenta uno de los evangelios apócrifos es la palmera la que se inclina para que el santo patriarca pueda coger con facilidad sus frutos. 

   La escena representa a la Sagrada Familia, ha sido muy utilizada por los pintores de la época, incluso para ofrecer a la Virgen de la leche, ya que amamanta al Niño Jesús. La pintura es bella y simpática.

 

Oración del Huerto

Escena fuerte y llena de dolor y amargura; Jesús suda como gotas de sangre, llora y sufre ante la pasión y muerte que se le avecina. Solo y abandonado reza al Padre. Jesús arrodillado ora y gime, su corazón y su mirada se dirige al cáliz que el ángel le trae desde el cielo. Dios siempre envía un ángel para animar, ayudar, consolar. Es la respuesta del Padre. 

   Los apóstoles se han dormido, no pueden velar ni siquiera una hora con Jesucristo. Esparcidos por el Huerto de Getsemaní los tres más íntimos: Pedro, Santiago y Juan un poco separados; el resto del grupo también dormidos.

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