|
La tabla es
preciosa. Cristo está ya muerto. Le acompañan la Virgen
Dolorosa, de píe como las grandes matriarcas, en actitud de
oración y compasiva ante la muerte redentora de su Hijo.
También el Apóstol san Juan, el más joven de los Doce, el
discípulo amado. Él no podía faltar en ese momento junto a
Jesús. Y María Magdalena, arrodillada a los pies de Cristo.
Adorando el Cuerpo del Señor.
Evangelio vivo: la Redención del hombre. Cristo con su
muerte nos salva, nos justifica, nos abre las puertas del
cielo.
Oh Cruz, ¡esperanza única! |