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Celebramos con inmenso gozo la fiesta a nuestro Mártires, el Abad Francisco de Paula y Gonzalo Viñes, beatificados en el año 2001. hoy les contemplamos con admiración y cariño. Dar la vida, derramar la sangre por Jesucristo no es cualquier cosa y ellos lo hicieron. Murieron por ser sacerdotes, por amar a la Iglesia, por servir a los hermanos desde esta Colegiata.
La vocación de los primeros Apóstoles tiene en san Lucas el prólogo de la pesca milagrosa; con este signo llama Jesús la atención de aquellos hombres y les indica lo prodigioso de su labor cuando sean “pescadores de hombres”. Ellos dejándolo todo, como Isaías y los demás profetas del A.T., llamados para ser instrumentos de Dios a pesar de su fragilidad personal son constituidos Profetas y Evangelizadores.
El Beato Francisco de Paula, Abad de Xàtiva, oyó la llamada del Señor en Penáguila y siguió esa voz dulce y exigente a la vez. También el Beato Gonzalo Viñes, aquí en su pueblo pudo descubrir su vocación al sacerdocio y con valentía y decisión siguió adelante hasta alcanzar la meta. Ambos ya sacerdotes abrieron sus alas y se entregaron con ilusión al ministerio. La Providencia les unió aquí, en la Colegiata.
Isaías asustado ante la carga que el Señor le impone exclama: “¡Ay de mí, estoy perdido!, Soy un muchacho”. Por otra parte el Apóstol Pedro ante el poder de Jesús, sintiéndose indigno grita: “Apártate de mí Señor que soy un pecador”.
Nuestros Beatos al igual que todos nosotros fueron llamados a la obediencia de todo lo que el Señor les pidiera. Cada uno recibe una llamada, igual que la recibieron los Apóstoles junto al Lago. Habrá quien la siga, como los Mártires Francisco de Paula y Gonzalo y habrá quien la desoiga. Para seguir con humildad y fielmente la llamada de Cristo, lo primero que tenemos que reconocer es que somos indignos de cualquier misión que Él nos encomiende. Reconociendo nuestras propias insuficiencias podremos seguir adelante sabiendo que Jesucristo nos quitará todo temor. Pero tendremos que quitar todos los impedimentos que no nos dejan escuchar cuando el Señor nos habla y nos pide que hagamos algo por Él. A veces estos son obstáculos pequeños y sin importancia pero pueden convertirse en grandes barreras que no nos dejen pasar para seguirle y cumplir la Misión que nos ha confiado.
El Abad gastó su vida trabajando como Buen Pastor, según el corazón de Cristo, entregado a la gente, sin escatimar tiempo, esfuerzo, salud; derrochando bondad, mansedumbre y amor por los cuatro costados. ¡ Buen Pastor como Cristo!.
Al Beato Gonzalo Dios le concedió una inteligencia fuera de lo común que puso al servicio del Evangelio. Muchos nos preguntamos cómo podía él solo llevar adelante tantos compromisos, tantas tareas desde la Seu y a favor de tantas personas. Pocos igualan al Beato Gonzalo en su compromiso también de cara a la ciudad en sus ramas de cultura, arte, historia y arqueología.
El testimonio que nos dejaron en la Colegiata es impresionante. De nuestros Beatos debemos aprender a seguir a Cristo. El nos llama a ser agentes de la nueva evangelización: “Venid conmigo”. Francisco de Paula y Gonzalo no tuvieron miedo se seguir al Maestro. ¡Que bien les fue!, ¡ Que ganancia obtuvieron!
Su trabajo y dedicación a la Parroquia y Colegiata humanizaba los corazones, con su palabra educaban la fe, con su testimonio acercaban a Cristo. “¡Que hermosos sobre los montes los pies de los que anuncian el Evangelio!”. Seguir a Cristo como los Apóstoles supone quererle mucho, estar enamorado de él, parecerse a él, tener sus mismos sentimientos. Los apóstoles quedaron deslumbrados por la personalidad de Jesús de Nazaret. Los Beatos Francisco de Paula y Gonzalo vivían para Cristo; su vida llena de gracia les empujaba a trabajar por el Evangelio.
¡Cuánto debemos aprender esta tarde de nuestros mártires! Ellos vivían de la fe. Todos nosotros deberíamos luchar para no separarnos nunca de Jesucristo, el Señor. Nadie ni nada debe apartarnos del amor de Dios, pensemos que todo lo podemos con Aquel que nos conforta. Con El a mi derecha no vacilaré.
El ejemplo de los Mártires es muy elocuente. Ellos vivieron muy unidos a Jesucristo. La fe fue para ellos un estímulo, fuerza para enfrentarse con lo que podía desviarles de lo esencial.
Los testimonios que nos han llegado hablan de personas honestas y ejemplares, cuyo martirio selló unas vidas entretejidas por el trabajo pastoral, la oración y el compromiso. Ya en vida eran alabados por su bondad, entrega y santidad.
Leyendo y estudiando los testimonios de nuestros Mártires nos conmovemos, ya que son historias llenas de amor, de entrega sin reservas a Cristo Salvador. Estos Mártires no estuvieron implicados en luchas políticas, ni quisieron entrar en ellas. Murieron por ser únicamente sacerdotes: el Abad y don Gonzalo.
Pagaron un precio muy alto por su fe en Jesucristo.
Ante el peligro no se escondieron. Voluntariamente entregaron su vida, porque valoraban más la fe, su sacerdocio que la propia vida. Los dos murieron perdonando a sus verdugos. Cayeron a tierra bendiciendo y amando.
Hoy quiero dar gracias a Dios a boca llena por el legado de estos dos sacerdotes santos, valientes y enamorados: “ archivos de la verdad escritos con letras de sangre” que nos habla de la urgencia de crear cristianos y sacerdotes capaces de testimoniar a Cristo en medio del mundo de hoy. Una sociedad indiferente y muchas veces contraria al Evangelio: hace urgente la presencia de “pescadores de hombres” que con sencillez, coherencia de vida, ilusión, agallas, alegría y gracias sean iconos de Jesús.
Para mí que he vivido de cerca los últimos años próximos a la beatificación del Abad y Gonzalo Viñes considero un honor visitar todos los días sus sepulcros y depositar una oración y un beso. Es el homenaje a estos Hombres de Dios. Si el día del martirio hubiera estado allí, hubiera recogido su sangre como el tesoro más precioso a los ojos de Dios. Al no poderlo hacer, les ofrezco mi admiración y gratitud por el testimonio que dieron ante la Iglesia y ante Xàtiva.
Que los Bienaventurados, el Abad Francisco de Paula y Gonzalo intercedan por todos nosotros y derramen su bendición.
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Lienzos pintados por Ernesto García Lledó
Nació en Peñáguila, Alicante, el 22 de septiembre de 1874, colegial de Santo Tomás, doctor en Teología y Derecho Canónico y licenciado en Filosofía y Letras. Ordenado sacerdote en 1900; fue cura de Muro de Alcoi, Almássera y Abad de Xátiva. Dejó recuerdos imborrables de amor a los pobres y enfermos. Martirizado en Llosa de Ranes el 19 de agosto de 1936 y beatificado por el Papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.
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Lienzos pintados por Ernesto García Lledó
Nació en Xátiva, el 19 de enero de 1883, ordenado sacerdote en 1906, siempre estuvo en su ciudad. Estimado como poeta, historiador, investigador, periodista y escritor valenciano. Trabajó mucho con la juventud. Fue canónigo de la Seu de Xátiva. Martirizado en Vallés el 10 de diciembre de 1936. Beatificado por el Papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.
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