Bienaventurados
cuando os persigan por mí
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Homilía del
Sr. Abad con motivo de la Fiesta de los Beatos mártires, el
Abad Francisco de Paula y Gonzalo Viñes, celebrada en la Seu el
30 de enero de 2005
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Bienaventurados,
vosotros, cuando os persigan, os calumnien y os quiten la vida por mi
causa. Estad alegres y contentos, vuestra recompensa será grande en el
cielo.
Esta bienaventuranza de Jesús pronunciada
al inicio del Sermón de la Montaña, la quiero aplicar a la vida y al
testimonio de nuestros Mártires los Beatos Francisco de Paula, abad de
esta Colegiata y Gonzalo Viñes, canónigo de esta Insigne Iglesia.
Celebramos con inmensa alegría la fiesta
de estos Bienaventurados Mártires de la Seu de Xàtiva.
Ellos nos enseñan a decir SI: un sí sin
condiciones ni límites al amor por el Señor Jesús. Nos han dejado una
preciosa herencia de fidelidad al Evangelio, a la Iglesia, a la fe
cristiana.
Jesucristo es el gran Mártir. Los que son
capaces de
dar la vida por El, han mirado a Cristo; no han escuchado la ironía, la
burla, la crítica; ni siquiera han reparado en la persecución, las
palizas, la pasión, el sufrimiento. Al acercarse el momento de entregar
su vida y derramar su sangre, han pensado en Jesucristo y no han decaído
de ánimo. Han encontrado una fuerza que, incluso, admiró a los
verdugos.
Nuestros Mártires predicaron muchas veces
las Bienaventuranzas y las vivieron. Las encarnaron de tal manera que
dieron testimonio supremo por ellas. Cada una de las ocho
Bienaventuranzas las podemos aplicar a la vida de nuestros Beatos:
eligieron ser pobres por el Reino de Dios; sufrieron la persecución, un
ambiente contrario a la fe, la burla; lloraron con los que lloraban
cuando visitaban enfermos o consolaban a familias; su corazón era puro
y estaba limpio; fueron misericordiosos y perdonaron siempre, incluso a
sus verdugos; trabajaron por la paz, eran hombres de paz, querían la
paz y sembraron paz mediante su ministerio. Y coronaron su pasión
cuando aceptaron la persecución, los insultos, el ambiente contrario a
la Iglesia, los simulacros de asesinato, el sufrimiento interior y
corporal. ¡No se puede decir con palabras hasta donde llegó el
sufrimiento de estos santos sacerdotes! Sí sabemos que culminó con el
martirio.
Son Bienaventurados, dichosos, felices:
viven con Dios, ven a Dios, son hijos de Dios.
El Beato Francisco de Paula, Abad de esta
Colegiata, nace en Penáguila el 22 de septiembre de 1876, y es ordenado
sacerdote en 1900. Como Abad de Xàtiva se distingue por su trabajo
pastoral, el cuidado en la educación cristiana de los niños y de la
juventud, sus obras de caridad y su entrega amorosa al pueblo de Dios.
Bondadoso, entregado, trabajador, humilde y bueno.
Vísperas ya de su muerte decía: “No
tengáis miedo a nada, ni siquiera al martirio. El martirio es la
escalera más rápida para subir al cielo”.
Murió dando testimonio de su sacerdocio.
Quien le disparó era de la Seu; pero antes el Abad le abrazó, le
perdonó y cayo a tierra bendiciendo a todo el pelotón. Era el 19 de
agosto de 1936. Tenía 59 años.
No sabemos como podía con todo el beato
Gonzalo Viñes. Dios le otorgó una inteligencia extraordinaria y muchas
ganas de trabajar: sacerdote, historiador, archivero, arqueólogo,
escritor, director del semanario El Obrero Setabense y gran animador de
la juventud católica de toda Xàtiva. Aquí nació y aquí desempeñó
su ministerio sacerdotal.
Dio la talla en los momentos difíciles de
la persecución religiosa que la Iglesia sufrió desde 1931 hasta 1939.
No se escondió ni ocultó nunca su ser sacerdote. Vivió con alegría
su ministerio y nunca se reservó nada para él; vivió para Jesucristo
y para la gente. Fue capaz de encarnar las Bienaventuranzas y murió
martirizado el10 de diciembre de 1936. Tenía 53 años cuando entró en
el cielo.
La sangre de los Mártires es semilla de
nuevos cristianos.
Jesús no se engaña cuando nos presenta
las Bienaventuranzas en el Sermón de la Montaña. Nos engañamos
nosotros cuando pensamos que son felices y bienaventurados aquellos que
tienen mucho dinero, los que tienen influencia y poder, los famosos, los
que gozan de una buena vida, los que no tienen problemas. Jesucristo
llama felices a los que lloran, a los que tienen el corazón lleno de
mansedumbre, los que trabajan por la paz, los que sufren, los que son
buenos de verdad. Llama bienaventurados aquellos que son felices
ayudando, dando, dándose. Los que disfrutan de la gracia de Dios, los
que hacen el bien a manos llenas. Esos son dichosos.
Hermanos y hermanas: el momento actual
exige de todos nosotros como católicos un testimonio vivo, fuerte,
coherente y eficaz. Vivimos el acoso continuo de los medios de
comunicación, la burla, la crítica continua y la ridiculización de la
gente de Iglesia. Estas actuaciones tan repetidas han de motivarnos a
trabajar más y mejor por la extensión del reino de Dios y a tomar
postura. No debemos callar, ni podemos ni queremos. Defender lo nuestro
es una obligación, un deber moral y un compromiso de la Confirmación.
Estos Mártires nos hablan de amor, pero
también de fidelidad y de valentía. Ellos dieron la vida por Cristo.
Un ejemplo de vida hermosísimo y atrayente.
Pidámosles hoy y siempre que nos ayuden a
ser fieles cristianos a la talla de Cristo, como lo fueron ellos, y
testigos valientes del Evangelio.
Bienaventurados Francisco de Paula y
Gonzalo interceded por nosotros.
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Lienzos
pintados por Ernesto García Lledó |
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Nació en Peñáguila,
Alicante, el 22 de septiembre de 1874, colegial de Santo Tomás,
doctor en Teología y Derecho Canónico y licenciado en Filosofía
y Letras. Ordenado sacerdote en 1900; fue cura de Muro de Alcoi,
Almássera y Abad de Xátiva. Dejó recuerdos imborrables de
amor a los pobres y enfermos. Martirizado en Llosa de Ranes el
19 de agosto de 1936 y beatificado por el Papa Juan Pablo II el
11 de marzo de 2001. |
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Lienzos
pintados por Ernesto García Lledó |
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Nació en Xátiva,
el 19 de enero de 1883, ordenado sacerdote en 1906, siempre
estuvo en su ciudad. Estimado como poeta, historiador,
investigador, periodista y escritor valenciano. Trabajó mucho
con la juventud. Fue canónigo de la Seu de Xátiva. Martirizado
en Vallés el 10 de diciembre de 1936. Beatificado por el Papa
Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001. |
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