Duc in altum - Rema mar adentro
Vía Crucis - DECIMOCUARTA ESTACIÓN Jesús colocado en el sepulcro
- Vía Crucis
- PRIMERA ESTACIÓN Jesús sentenciado a muerte
- SEGUNDA ESTACIÓN Jesús es cargado con la cruz
- TERCERA ESTACIÓN Jesús cae la primera vez debajo de la cruz
- CUARTA ESTACIÓN Jesús encuentra a su afligida madre
- QUINTA ESTACIÓN Simón ayuda a Jesús a llevar la cruz
- SEXTA ESTACIÓN La Verónica limpia el rostro de Jesús
- SÉPTIMA ESTACIÓN Jesús cae la segunda vez con la cruz
- OCTAVA ESTACIÓN Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús
- NOVENA ESTACIÓN Jesús cae por tercera vez con la cruz
- DÉCIMA ESTACIÓN Jesús es despojado de sus vestiduras
- UNDÉCIMA ESTACIÓN Jesús es clavado en la cruz
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DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús colocado en el sepulcro
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
[Comentario por S.Alfonso María de Ligorio]
Considera cómo los discípulos llevaron a enterrar o Jesús, acompañándole también su Santísima Madre, que le depositó en el sepulcro con sus propias manos. Después cerraron la puerta del sepulcro y se retiraron.
OH Jesús mío sepultado. Beso esa losa que os encierra. Vos resucitasteis después de tres días; por vuestra resurrección os pido y os suplico me hagáis resucitar glorioso en el día del juicio final para estar eterna-mente con Vos en la Gloria, amándoos y bendiciéndoos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mio!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.
Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Amado Jesús mío, etc.
[Alternativa al comentario anterior. Comentario por S.S. Juan Pablo II, El Grande]
Desde el momento en que el hombre, a causa de pecado, se alejó del árbol de la vida (cf. Gen 3), la tierra se convirtió en un cementerio. Tantos sepulcros como hombres. Un gran planeta de tumbas.
En las cercanías del calvario había una tumba que pertenecía a José de Arimatea (cf. Mt 27,60). En este sepulcro, con el consentimiento de José, depositaron el cuerpo de Jesús una vez bajado de la cruz (cf. Mc 15,42-46, etc.). Lo depositaron apresuradamente, para que la ceremonia acabara antes de la fiesta de Pascua (cf. Jn 19,31), que empezaba en el crepúsculo.
Entre todas las tumbas esparcidas por los continentes de nuestro planeta, hay una en la que el Hijo de Dios, el hombre Jesucristo, ha vencido a la muerte con la muerte. O mors! ero mors tua!: «Muerte, ¡yo seré tu muerte!»(1.ª antif. Laudes del Sábado Santo). El árbol de la vida , del que el hombre fue alejado por su pecado, se ha revelado nuevamente a los hombres en el cuerpo de Cristo. «Si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo» (Jn 6,51).
Aunque se multipliquen siempre las tumbas en nuestro planeta, aunque crezca el cementerio en el que el hombre surgido del polvo retorna al polvo (cf. Gen 3,19), todos los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo viven la esperanza de Resurrección.
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