Especial Calixto III

Con motivo del 550 aniversario de la proclamación de Alfonso de Borja como Papa con el nombre de Calixto III.
Dentro del programa propuesto de dar a conocer la figura del Papa, ofrecemos este “Especial Calixto III”. En él damos a conocer un documento para muchos inédito, sacado del Archivo Colegial. Se trata del discurso pronunciado con motivo de la bendición e inauguración de la estatua del Papa Calixto III en la plaza que lleva su nombre en el año 1896. En su lectura debemos tener en cuenta los géneros literarios de la época; pero resulta interesante, por eso lo ofrecemos.

Estatua de Calixto III. Siglo XIX.

 

 

DISCURSO
PRONUNCIADO POR EL
DOCTOR DON URBANO FERREIROA
DIGNIDAD DE CHANTRE DE LA SANTA BASÍLICA METROPOLITANA DE VALENCIA
EN EL ACTO DEL
DESCUBRIMIENTO DE LA ESTATUA
DE
CALIXTO III
EN LA CIUDAD DE JÁTIVA
EL DÍA 24 DE OCTUBRE DEL CORRIENTE AÑO
VALENCIA
IMPRENTA DE FEDERICO DOMÉNECH, MAR, 65
1896
Emmo. y Rvdmo. Sr.
Muy Iltre. Sr.
Setabenses

 

Mucho se ha abusado en estos últimos tiempos del acto de levantar estatuas; y en España y fuera de ella las tienen hombres de los cuales quizás lo mejor que pueda decirse es: nom ragioniam di lor... Y sólo quiero recordar aquí la estatua de Jordán Bruno.
Ciertamente la estatuomanía es muy ridícula; pues no por tener estatua vale más un hombre, ni se levanta el que es moralmente pigmeo.
Pero así como es ridículo que se levanten estatuas á los que no son dignos de ellas, merece aprobación y aun encomio que se dispense tan señalada honra á los santos que han llegado á la cumbre de las virtudes, á los genios que han iluminado el mundo con rayos de luz y de gloria, á los hombres eminentes que han prestado á sus conciudadanos servicios insignes.
Por eso ha sido obra meritoria elevar esta estatua á Calixto III, honra de Játiva, de Valencia y de España entera, gran Papa, ilustre jurisconsulto, expertísimo diplomático, varón integérrimo. 1
Nos recuerda su memoria tiempos prósperos de aquella coronilla de Aragón que ha llenado el mundo con su fama y con sus hechos; que en plena Edad Media surcaba con naves propias todos los mares conocidos; que eclipsó muchas veces el comercio y la marina de las repúblicas más florecientes de Italia; que conquistó las Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia, é hizo resonar el terrible desperta ferro de los Almogávares en las lejanas costas de Oriente, en aquella famosa expedición que parece un canto del gran poema del Tasso, en la cual, valencianos, catalanes y aragoneses emularon las glorias fabulosas de los argonautas, y renovaron en la homérica Grecia las hazañas de Maratón, las Termópilas y Salamina.
Ningún dolor más grande que recordar las dichas pasadas en los momentos de desventura, dice el poeta; mas esto no rige para las naciones que conviene recuerden los hechos gloriosos de su historia, los que demuestran su virilidad y su pujanza, los que las encumbran y enaltecen, para que sirvan de ejemplo y de acicate á las presentes generaciones, y no les hagan olvidar que deben mostrarse dignas de las que las precedieron. Nuestras glorias de ayer son también de hoy: constituyen la sagrada herencia que debemos transmitir incólume á nuestros sucesores, y no podemos desdeñar ni desechar sin hacer traición á la madre patria, que no consiste sólo en la tierra en que nacemos y en el cielo bajo que vivimos, sino también en nuestras afecciones más santas, en nuestros recuerdos, en nuestras glorias, en nuestras tradiciones, en el sentimiento religioso heredado de nuestros mayores, en todo lo que constituye el conjunto y la trama de nuestra historia.
¿Qué español no se siente más grande al recordar la guerra épica de la reconquista, el descubrimiento de un Nuevo Mundo, las victorias de nuestros tercios, ni pronuncia sin entusiasmo los nombres de Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fr. Luis de León y tantos otros gloriosos? ¿Ni qué valenciano deja de sentir respeto y veneración por los santos nacidos en esta bendita tierra, como San Pedro Pascual, San Vicente Ferrer y San Luis Bertrán, ni deja de amar y celebrar á sus poetas, como Ausias March y Gil Polo; á sus pintores, como Juan de Juanes y Ribera, hijo de Játiva; á sus historiadores, como Beuter y Escolano?
Entre tan preclaros nombres debe ocupar lugar eminente Calixto III, que nació en las cercanías de esta ciudad y recibió el agua regeneradora del bautismo en esa iglesia colegial de Santa María, como él mismo se complació en recordar al dirigirse al Cabildo de Játiva cuando ocupaba la silla de San Pedro. 2
No he de referiros aquí minuciosamente la vida de este grande hombre; mas es justo mencionar que prestó incalculables servicios á la Iglesia y á la patria; fué de intachables costumbres en un siglo corrompido; sobresalió por su piedad, por su rectitud y por su ciencia, y en el breve período de su pontificado dió gallardas muestras de eximio gobernante.
Muy joven todavía nuestro Papa, que entonces se llamaba Alfonso de Borja, fué profesor de la Universidad de Lérida, en la que había estudiado, y canónigo de aquella ciudad, ofreciendo ya en sus juveniles años esa precoz madurez, patrimonio de las almas privilegiadas. Luego vemos resplandecer su nombre como estrella de paz en aquel malhadado cisma de Occidente, que hubiera despedazado para siempre las entrañas de la Iglesia si ésta no fuera inmortal; pues al morir en el islote de Peñíscola el obstinado Benedicto XIII, dos humildes familiares suyos, que se creían Cardenales, eligieron Papa á D. Gil Sánchez Muñoz, canónigo de Valencia, que tomó el nombre de Clemente VIII, y D. Alfonso de Borja fué quien principalmente con sus consejos, advertencias y exhortaciones movió á renunciar el título de Papa al mal aconsejado canónigo.
En Agosto de 1429, vemos ya á nuestro Papa Obispo de Valencia, y allí celebró un Sínodo notable, en que mandó cantar los sábados en las iglesias los Gaudes á la Virgen, que aun se conservan. 3 También fué rector de San Nicolás de Valencia, siendo de notar su modestia y rectitud en tiempos en que existía el abuso de tener muchos beneficios en encomienda, pues no quiso aceptar ninguno de éstos; decía que le bastaba con una sola iglesia, y ésta virgen.
El sabio Eneas Silvio, más tarde Papa con el nombre de Pío II, le llama eminentísimo en Derecho 4 , y era, en efecto, considerado como el primer jurisconsulto de su tiempo; y por eso el rey de Aragón y de las Dos Sicilias, Alfonso V, le llamó á Nápoles para que le aconsejase y esclareciese. Y estando en Nápoles quiso enviarle el rey al conciliábulo de Basilea; mas no lo consiguió, y en cambio nuestro Papa logró que hiciesen las paces el rey y el Pontífice Eugenio, como antes las había negociado felizmente entre el rey de Aragón y el de Castilla. Por cierto que Eugenio quería hacerle entonces Cardenal; pero Calixto se negó, diciendo que le estaría mal recibir mercedes de una de las dos partes antes de ser concluído el negocio que trataba.


Al fin, el Papa Eugenio le elevó al cardenalato y le dió el título de los Santos Cuatro Coronados; y en 8 de Abril de I455, á la muerte de Nicolás V, sin que nadie lo esperase más que el mismo elegido, ascendió D. Alfonso de Borja á la altísima dignidad pontificia.
Hecho extraordinario éste. Ningún Cardenal había pensado en la elección de Alfonso de Borja; la mayoría siempre se mostró inclinada hacia otros; por un momento pareció segura la elección del insigne Cardenal Besarión; y no obstante, el elegido fué nuestro Papa; lo cual nos mueve á recordar la profecía de San Vicente Ferrer, según la que Alfonso de Borja sería Papa y se llamaría Calixto.
Es lo cierto que éste creía en la predicción, y muchos años antes de ser Papa escribió en un libro suyo estas palabras: « Yo, Calixto, Papa, prometo á Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, á su Madre siempre Virgen y á toda la Corte celestial que hasta la efusión de mi sangre trabajaré por recuperar á Constantinopla. ¡Y que se seque mi mano derecha si te olvido, oh Jerusalén!»
No debe, pues, maravillarnos que el hecho culminante del pontificado de Calixto sea la guerra contra el Turco, que llevó á cabo con férrea tenacidad, con constancia portentosa, con inflexible tesón. 5
Leed en el alemán Pastor, uno de los más modernos historiadores de Calixto, todo lo que éste hizo, todo lo que luchó, todo lo que trabajó en este sentido, y fuerza será que admiréis su grandeza de alma.
Envió predicadores á todas las partes importantes de la cristiandad, para que con el soplo de la palabra encendiesen la guerra; no se olvidó de expedir legados á reyes y príncipes cristianos; él mismo hizo construir en un arsenal de Ripa grande, en el Tíber, una flota considerable; cosa inaudita, dice Eneas Silvio.
Por desdicha, el siglo XIV no era el siglo XVII, y Calixto halló mucho frío glacial aun en los que más debieran proteger la empresa, como por ejemplo el emperador Federico III de Alemania, que á cada paso se veía amenazado por los turcos. «Mucha es la mies; pocos los trabajadores», decía Calixto; el cual no desmayó ni vaciló un momento en su proyecto, á pesar de todos los obstáculos y dificultades, y ya en Junio de 1456 logró que zarpase del Tíber, á las órdenes del Cardenal Scarampo, una flota compuesta de veinticinco galeras, y en la cual iban mil marineros, cinco mil soldados y trescientos cañones. Lo que esto costaba á Calixto puede calcularse recordando que se vió obligado á reducir á dinero las joyas y objetos preciosos dejados por su antecesor, y que hasta se privó de su servicio de mesa.
Cuentan que un día, poniéndose á comer y viendo un salero dorado y otros objetos de valor, exclamó: "Esto para la guerra contra los turcos; á mí me basta vagilla de barro». Y en un Breve declara Calixto que no le importa quedarse sólo con una mitra de lino tratándose de la defensa de la Iglesia y de la fe ortodoxa. 6 Á esta sencillez unía un valor admirable. "Sólo los bellacos, acostumbraba decir, temen el peligro: en el campo de batalla crece la palma de la gloria».
Á no dudarlo, el temple de alma de este gran Papa era netamente español, como recuerdan con oportunidad muchos historiadores al narrar el brío con que luchó contra los turcos.
En efecto, poseía Calixto el odio á los fanáticos sectarios de Mahoma, que se había infiltrado en nuestra sangre y constituía entonces uno de los caracteres de nuestra raza. No en vano lucharon nuestros padres un siglo y otro siglo contra los moros, sin que nada pudiera quebrantar su entereza, pues no nacía su heroísmo de humanas pasiones, de suyo tornadizas y veleidosas, sino de más altas causas, de más profundas raíces, del sentimiento cristiano, engendrador de las verdaderas grandezas. Pero, señores, con esta guerra al mahometismo hemos prestado los españoles servicios grandísimos al catolicismo, á Europa y á la civilización verdadera.
Sin la epopeya de la Reconquista, la epopeya más grandiosa de que puede gloriarse pueblo alguno de la tierra: sin Papas como Calixto III, que tan á raya tuvo el poder de los turcos; sin la batalla de Lepanto y sin las guerras de Orán, quizás hoy Europa sería tributaria de la Media Luna, y donde se levantan las ciudades más ricas del mundo, surgirían sólo míseros aduares árabes. Historiadores mendaces y enemigos de nuestra religión y nuestra raza, han elevado hasta las nubes la cultura arábigo-española, y en cambio á los españoles nos han deprimido y rebajado deplorablemente. Errores son estos que conviene destruir. Si los moros han hecho algo bueno en España, es debido al influjo español; y ni aun las acequias con que regais vuestra feraz huerta son obra suya, á pesar de la opinión arraigada en contrario. 7
Los que combaten á España debieran reconocer que ésta, al desangrarse combatiendo á los árabes, ha sido el gran antemural de la barbarie mahometana, así como descubriendo y civilizando un nuevo mundo, á costa de su despoblación, ha sido la verdadera madre de las naciones americanas, de las que ha recibido negras ingratitudes.
¡Y hay quien nos ha llamado no hace mucho raza inferior! Porque no somos raza de mercaderes; porque no hemos sido nunca explotadores; porque no hemos escatimado jamás nuestros tesoros ni nuestra sangre en defensa de las más nobles causas; porque donde quiera que ha ondeado el pabellón español, han quedado huellas de nuestra hidalguía y nuestra generosidad.
No, no es raza inferior la de guerreros como Gonzalo de Córdoba, Hernán Cortés y el duque de Alba; la del príncipe de todos los novelistas del mundo; la de los poetas dramáticos más geniales de Europa; la de los grandes teólogos y los grandes místicos; la de pintores como Velázquez y Murillo, cuyos nombres bastan; la de tantos insignes jurisconsultos, humanistas y filósofos; la raza potente que ha paseado por toda la tierra, iluminado por el sol de las victorias, el escudo del león de Castilla y de las barras de Aragón.

...Ahora y siempre el argonante fiero
Que del mar arrostrare los furores,
Al echar el áncora pesada
En las playas antípodas distantes,
Verá la cruz del Gólgota plantada
Y escuchará la lengua de Cervantes. 8

Plaza de la Seu.


Con generosidad verdaderamente española continuó Calixto en todo el tiempo de su pontificado la guerra contra el turco. Á él se debía la batalla eternamente memorable de Belgrado, que cerró las puertas de Europa al sultán Mahomet é inmortalizó los nombres del valeroso capitán Huniades, del Cardenal español Carvajal, Legado del Papa, y de Juan Capistrano, que tanta parte tomaron en aquel hecho gloriosísimo. El Papa ayudó también á Skanderbeg, caudillo de los Albaneses, y no fue extraño á la victoria que éste obtuvo sobre los turcos en 1457; el mismo año tuvo la dicha Calixto de que su flota derrotase á la turca cerca de Metelino y la tomase veinticinco galeras. Oraciones que debían recitar en la misa los sacerdotes; Padre-nuestros y Ave-Marías que debían rezar los fieles al sonar la campana de medio día; indulgencias, predicaciones, exhortaciones, nuevas fiestas como la de la Transfiguración, todo lo empleó nuestro Papa contra los turcos.
Mas no por eso descuidó otros asuntos importantes de la Iglesia, de cuya independencia se mostró celosísimo. Gloria suya es haber canonizado á San Vicente Ferrer, anulado el injusto proceso de Juana de Arco, combatido enérgicamente las herejías. Se le ha acusado de ingrato con Alfonso V. No ha hecho Calixto en realidad otra cosa que defender los derechos de la Iglesia contra su príncipe, que vendía los obispados, aplicaba el dinero recogido para la Cruzada á la guerra contra los genoveses, pretendía para su hijo ilegítimo la investidura del reino de Nápoles y para sí el Vicariato de la Marca de Ancona y otras posesiones. Ciertamente nuestro Papa resistió á las injustas pretensiones de Alfonso, con lo que demostró una vez más su energía y su firmeza; pero con esto no cometió ningún delito.
Creía el rey que su antiguo secretario había de plegarse á todos sus caprichos, como si Dios no fuese antes que los hombres. Mal conocía á Calixto, para el que no existían respetos humanos, atento sólo á la defensa de la Iglesia y dispuesto á morir por ésta si fuese necesario.
Estúdiese cuanto se quiera la vida de este gran Papa: siempre resaltarán en ella su singular modestia, su odio al lujo y al fausto, su austeridad de costumbres, su espíritu cristiano, su acendrado amor á la justicia.
No fué un humanista, sino un jurisconsulto en tiempos en que ya habían comenzado los albores del Renacimiento, y por esto le trataron mal los humanistas; mas para mantener el orden social y para la buena gobernación de los pueblos, el culto del derecho está por encima del de las letras humanas.
Setabenses: en este ilustre compatriota tenéis un ejemplo que imitar: ascendió por sus virtudes y sus merecimientos á los más elevados puestos, y mostró al ocupados que era digno de ellos.
Bien haya el ilustre patricio á cuya costa ha sido levantada esta estatua: por lo menos comprendió que no hay recompensa, por subida que sea, que no merezca la virtud.
Y vos, Emmo. Sr., que presidís este acto demostrando amor á Játiva y á sus glorias más puras, permitid que en nombre del pueblo aquí reunido os dé gracias por vuestra asistencia. Un prelado que sabe asociarse á los dolores y á las dichas de su grey, con razón es amado y venerado como vos lo sois. Por lo demás, ¿qué no se merece la única ciudad de España que en breve espacio de tiempo dió dos Papas á la Iglesia?
Y antes de terminar, no olvido, señores, que esta ceremonia no se verifica con mayor solemnidad á causa de las inmensas desdichas que afligen á nuestra amada patria, convertida hoy en la Niobe de las naciones.
Así, no nos despidamos sin pedir á Dios que proteja á sus defensores allá en el remoto Oriente y bajo el sol abrasador de los trópicos.
¡Que la corona de la victoria ciña pronto las sienes de nuestros soldados!

¡Que éstos puedan regresar en breve á los hogares, donde reinan hoy horrible ansiedad y dolorosa incertidumbre!

HE DICHO

 


NOTAS
1 El Emmo. y Rvmo. Sr. Cardenal Sancha, Arzobispo de Valencia.
2 El Ayuntamiento de Játiva.

1 El alemán Gregorovius, protestante y racionalista, dice de nuestro Papa en su Historia de la Ciudad de Roma (tomo VII, ed, de Venecia de 1875): «Su carácter digno y moderado, su erudición vastísima, su habilidad en tratar los asuntos, la amistad que le unía con el rey Alfonso, todo esto le había dado buen nombre en la Curia», San Antonino de Florencia dice que Calixto era grave, enemigo del fausto, gran jurista y de buena fama. (Véanse las Lettere di San Antonino). El procurador del Orden Teutónico y el sienés Bartolome Miquel, que se hallaban en Roma cuando fué elegido Calixto, hacen del nuevo Papa estupendos elogios.
Tenía el nuevo Pontífice 77 años, pues había nacido el último día del año en que estalló el gran cisma de Occidente (1378).
Entre los escritores españoles que han tratado de nuestro Papa, pueden verse Chacón, Vitae et gesta Summorum Pontificum, Romae, 1601; Zurita, Anales, Libro XVI; Illescas, Historia Pontifical, t. II, Madrid, 1652; Nicolás Antonio, Bibliotheca vetus, t. II, Madrid, 1778; Villanueva, Viaje, t. IV, Madrid, 1806. En el mismo tomo del Viaje literario pueden verse algunos documentos relativos á Calixto, y dos opúsculos de Pedro Ransano, en que. se habla también de Calixto. Los italianos Platina, Sandini, Sangallo y otros elogian á Calixto. También le elogia el portugués Novaes, y entre los modernos, Audisio, Rhorbacher, el con. tinuador de Darras, y sobre todo Pastor, en su obra monumental Historia de los Papas desde fines de la Edad Media. (Véase el volumen 1, traducción italiana, Trento, 1890).

2 Calixto llama á la iglesia Colegial de Játiva insignis admodum, y dice que en ella renació sacro baptismatis lavacro.".

3 Villanueva publica estos Gaudes en su Viaje, t. IV, págs. 113 y 114.

4 Y el Obispo Pedro Ransano, célebre teólogo, de la Orden de Santo Domingo, decía de Calixto: Vir erat magno ingenio jurisque pontificii scientia praestantissmus.

5 El calificativo de «viejo de gran corazón» que le había dado Palmieri por su estusiasmo bélico, dice Pastor, es ciertamente justificado, así como lo está lo que á las potencias europeas desde tiempo de Urbano V les decía Petrarca:

Ite superbi, o miseri cristiani
Consumando l' un l' altro, e non yi caglia
Che 'l sepolcro di Cristo é in man di cani.

6 Sola mitra linea remancat nobis, decía Calixto.

7 En primer lugar, los nombres de las acequias son en gran parte de origen latino; además, la legislación gótica las supone ya existentes; y también merece notarse que todas las colonias romanas de esta región hayan estado establecidas donde hay mayor número de acequias.

8 Oda á las artes liberales por el duque de Frías.