Los testimonios de personas que conocieron a este matrimonio ejemplar de Xàtiva, son tantos y todos tan hermosos que enriquecen y engrandecen la calidad humana y espiritual de estas personas.

Los dos eran muy fervorosos. El Siervo de Dios Manuel no había día que a las doce del medio día no parara el trabajo, estuviera donde fuera y ante la persona que fuera y rezara el Ángelus. No tenía vergüenza de ningún tipo a la hora de manifestar su fe y su condición de católico.

La oración unía a este matrimonio, pues los dos eran almas fervientes y unidas a Dios. La Misa era el alimento espiritual de ambos; tanto Manuel como Adela no dejaban de asistir y participar en la Misa diaria y, por supuesto, comulgar. La Eucaristía hace la Iglesia, afirmaba Juan Pablo II, el Grande,
pero también hace cristianos. Sin la Eucaristía, ¡qué difícil resulta vivir la fe y manifestarla! Por eso este matrimonio se alimentaba del manantial de Jesucristo, que es el agua viva que salta hasta la vida eterna.

Doña Adela llamaba la atención, sin ella querer, por su espíritu de oración contemplativa ante el Sagrario. Todos los días adoraba al Señor, estaba “con Aquel que sé que me ama”, como escribe santa Teresa de Jesús. La oración es el agua que riega la fe. Tanto la Eucaristía diaria como la oración habitual, fortalecía a este matrimonio que contaba siempre y para todo con Dios: era una familia de oración y de presencia de Dios en sus vidas, en sus preocupaciones, en sus problemas, pero también en sus alegrías y en su felicidad. Manuel y Adela rezaban todos los días juntos y esa oración fortalecía la familia y mucho más la unión entre ellos, que no es cualquier cosa.

En 1940 don Manuel será hasta 1943 Teniente Alcalde de Xàtiva y luego como concejal hasta 1958. El Padre Esparza ha hecho un trabajo de investigación sobre estos años de la actividad de Manuel Casesnoves Soler.

Durante el período en el que fue Teniente Alcalde de Xàtiva, afirma otro testigo: “Puedo decir que la rectitud de don Manuel no le permitía hacer nada injusto. Cuando tuvo responsabilidades políticas y de tipo administrativo en el Ayuntamiento nunca oí que alguien le pudiera acusar de nada en contra de alguna injusticia y menos de alguna negrura de corrupción”. También en el Ayuntamiento se veía su honradez, su nobleza, su humildad y entrega generosa. Si el Siervo de Dios entró a formar parte del Consistorio de Xàtiva fue únicamente por servir a su pueblo, eso don Manuel lo tenía muy claro. Nunca jamás se sirvió del cargo para su provecho o el de su familia o amigos. ¡Nunca! La honradez, la entrega desinteresada, el servicio a la gente, fueron las características que Manuel practicaba en el Ayuntamiento. Ésa fue su honra y eso ensalzó su prestigio en la ciudad. Aún hoy se le recuerda de esa manera.

Me cuenta una familia muy querida por don Manuel que en un momento concreto, por diversas razones, se encontró sumergida en extrema necesidad por problemas económicos: Don Manuel se presentó en la casa para ofrecerles el dinero necesario para salir a flote. Aquella familia recuerda el hecho con gratitud y admiración.

Me lo ha contado mucha gente y además con satisfacción y alegría. “Es que don Manuel era un gran católico, un hombre honrado, bueno, justo. No tenía vergüenza de manifestar su condición de católico”.

Por todo lo que me cuentan puedo deducir perfectamente que el Siervo de Dios era de una pieza, lo que yo llamo macizo en la fe y en el entramado cristiano. A las personas que entraban en contacto con él les infundía respeto, seriedad y fuerza: se veía en él a un gran creyente. Elevaba la moral cristiana. Y eso es lo que entonces y ahora en pleno siglo xxi le hace falta a la Iglesia: cristianos de cuerpo entero, matrimonios y familias cristianas de verdad, que vivan el Evangelio, que recen en familia, que practiquen la caridad y el mandamiento del amor que Jesús nos ofrece como condición indispensable. Hacen falta cristianos de la calidad de Manuel y de Adela.