El Señor concede a este matrimonio ejemplar dos grandes regalos. Dos hijas, Carmen y Lola deciden consagrarse a Dios en la vida religiosa. La idea agradó enormemente a Manuel y Adela. Dan gracias a Dios por ese regalo. Ahora bien, quieren que de verdad sea una donación auténtica y para siempre; por eso hablan con sus hijas, les presentan los inconvenientes, los riesgos, la generosidad que consagrar a Dios de por vida conlleva. La reflexión de los padres ayudó a las dos hijas a madurar en la decisión adoptada.

He hablado con las dos hermanas y me gustaría ofrecer su testimonio. Hasta ahora tengo lo escrito por Lola Casesnoves.

Lola pertenece a lo que en un principio se llamó Pía Unión pero después de muchos años, cuando a raíz del Concilio Vaticano II se hizo la reforma del Derecho Canónico, la Conferencia Episcopal Española reconoció a esta Pía Unión como Asociación Pública de Fieles, el 26 de abril de 1991. El sacerdote que llevó a cabo este movimiento fue el Reverendo don Domingo Solá Callarisa. En el año 1953 comenzó la obra a extenderse desde Alcalá del Júcar. El Padre
falleció en 1997, pero su fundación sigue y está ya trabajando en España, Almansa, Alcalá de Henares, Sevilla, Valladolid, República Democrática del Congo, México, Costa Rica, etc.

Lola Casesnoves Soldevila trabaja en Alcalá de Henares en la Casa de Espiritualidad llamada Ekumene. Y éste es su testimonio.

“Soy la 4a de 9 hermanos y mi primo Ignacio a los cuales sin distinción he querido y sigo queriendo, a cada uno le encontraba algo diferente por lo que me sentía mas unida. Mis padres para que decir no me cabía en la cabeza –cuando era pequeña– como mi madre siempre estaba donde tenía que estar, atendiendo a todos, jamás ociosa; o trabajando o rezando y cuando cosía, ambas cosas a la vez y cuando la inspiración le venía escribiendo sus “versitos” en
cualquier trozo de papel que para navidad tenía para todos. Lo que me llamaba la atención de mi padre era el respeto y el cariño que tenía a mi madre: “Lo que tu digues, Adeleta”. Jamás les oímos discutir. Yo tenía predilección por mi padre y yo estaba convencida que también él la tenía por mi; aunque al mismo tiempo pensaba que cada uno de nosotros pensaría lo mismo; pero a mí eso no me importaba, ni tenía envidia puesto que yo me sentía querida y me bastaba. Una vez le confesé a mi madre que la quería menos que a papá, ella me acaricio y me sonrió y como luego nos dejó tan pronto, ella me decía ahora quedo yo.

La familia era muy grande. Mi abuela Lola, madre de mi madre de la que herede el nombre, me quería mucho y me defendía. A mi no me importaba hacer cualquier cosa por mis hermanos o por los demás aunque yo me quedase con la peor parte; y recuerdo que mi abuela me dijo una vez: “Lola, estudia y hazte maestra si no serás la “chacha” de todo”. Ella murió cuando yo tenía 15 años. Reflexionando ahora pienso que mi abuela no andaba desencaminada, pero es lo que he sabido ser y hacer siempre y creo que ya no puedo cambiar.

Mis tías: Adela, qué señora más cabal, entera, culta; era la que hacía los deberes con nosotros: la historia, las matemáticas, el francés... ¡cómo
le gustaba! Cuando regresaba de misa se compraba el periódico y a leer, cosa que a mi abuela, su cuñada, no le hacía mucha gracia pues ella se pasaba el día
entero y parte de la noche cocinando y cosiendo.

Y tía María, hermana de mi madre y mi madrina, muchas cosas podría contar de ella, siempre dispuesta para ayudar a todos...”.