Continua el testimonio de Lola Casesnoves, hija del matrimonio Manuel y Adela, iniciado la semana pasada.

“Me ha salido así de larga esta explicación pero lo que quiero recalcar es que en este ambiente familiar y en el entorno que me movía no era difícil vivir como una buena persona. Qué bien nos lo pasábamos en la Catequesis con –Augusta Casanova- mi catequista y luego en Acción Católica con las reuniones, los teatros que hacíamos y las excursiones con el Sr. Abad y familias enteras pues creo que era una de sus grandes preocupaciones formar familias cristianas de verdad. Recuerdo un regalo que me hicieron siendo aun muy niña el Kempis, La imitación de Cristo y también recuerdo muy bien cuando con una de las chicas que estaba en casa ayudándonos por la tarde en su habitación hacíamos el Cuarto de hora de oración de Santa Teresa de Jesús.

Durante mis años de estudiante 4 de bachillerato en el Instituto de Xàtiva y 3 de Magisterio en Valencia creo fueron bien aprovechados aunque no destacaba mucho en los estudios pero lo suficiente para sacar los cursos y ampliar el ámbito de las amistades.

Recordando lo que he dicho antes sobre el Sr. Abad y su interés por las familias, siempre pensé que mi vocación era la misma que mis padres y por ese camino empecé siendo en verdad muy joven, recuerdo que hablando con mi madre me aconsejó que hiciera los 7 domingos a San José pues ella se había encomendado a El el suyo y le ayudo mucho. Pero el mío no debía ser ese el camino y aconsejada por un P. Dominico y apoyándose en que era muy joven y que lo que tenía que hacer era estudiar lo deje. Recuerdo la regañina del Sr. Abad. También tengo que decir que el P. Dominico no me impulso a otra vocación, sólo que dejase pasar unos años. Fueron unos años muy normales como chicas de mi edad, estudiando, formando pandillas, excursiones...

Antes de terminar  3o de Magisterio hicimos Ejercicios Espirituales y el Padre con el que me confesé recuerdo que me dijo: ¿Qué vas a hacer en tu vida? Le contesté que no lo tenía muy claro, que ya vería. “Te pida lo que te pida el Señor lo aceptarás? No tenía ni idea por qué lo decía pero mi respuesta fue afirmativa: “Si, Padre” Fue esta la llamada? La vocación?

Ya tenía Magisterio terminado pero ganas de ponerme a trabajar no tenía muchas, me llamaron para una sustitución en Xàtiva y no la acepté con la excusa de preparar oposiciones. Pero aquella noche las cosas cambiaron. Yo solía llegar siempre tarde a cenar porque me entretenía con los amigos y en los cochecitos de choque y mi padre me solía decir algunas palabras de aviso, aunque yo no le hacia mucho caso. Y esa noche aunque llegue tarde y mis hermanos le dijeron a mi padre sino me reñía dijo que no pues tenía algo que decirme: “Me ha llamado el Sr. Abad y me ha dicho si quieres ir de Maestra a un pueblo que se llama Alatoz. Como sé que no tienes ganas de empezar a trabajar le he dicho que ya hablarás tú con él y le dices tus motivos por los que no quieres ir”. Mi respuesta fue tajante ¿por llevar la contraria? Pero es que yo sí quiero ir. Mi padre quedó desconcertado: “vete a saber qué pueblo y cómo será”. Seguro que no será peor que cualquiera de Albacete, respondí y fui a buscar un atlas y efectivamente era de Albacete... no importa ya iré mañana  a ver al Sr. Abad.

Fui al día siguiente y me dijo que fuera a Novelé que estaba Dn. Juan M. Caldes de párroco y él me diría. Allí había una maestra, llamada Rosario, que era de Albacete, Don Juan estaba encantada con ella pues era muy buena maestra y una verdadera apóstol  y la estaban reclamando para hacerse cargo de una escuela parroquial en Alatoz y como no quería que se fuera ella por eso se lo había propuesto al Sr. Abad puesto que en Xàtiva había bastantes maestras que no estaban ejerciendo. Ni siquiera le hice muchas preguntas me dijo que salía un coche a las 3 de la tarde todos los días de la estación y que llegaba a ese pueblo, no recuerdo que día era pero quedé que avisara que yo llegaría el lunes.

No sabía ni a donde iba ni para qué; pero cómo disfrute ese fin de semana con las Benjamines y Aspirantes de Acción Católica, las invité, les
conté cuanto se me ocurrió... después con la pandilla de amigos.

El lunes mi padre amaneció con anginas en cama mi madre quería acompañarme... le propuse a mi padre que lo dejaba para más adelante, pero no: “Hija, cuando se da una palabra se cumple” ya estaba todo dicho así que allá nos fuimos mi madre y yo acompañadas de las amigas a la estación.