Casesnoves

El Señor concede a este matrimonio ejemplar dos grandes regalos. Dos hijas, Carmen y Lola deciden consagrarse a Dios en la vida religiosa. La idea agradó enormemente a Manuel y Adela. Dan gracias a Dios por ese regalo. Ahora bien, quieren que de verdad sea una donación auténtica y para siempre; por eso hablan con sus hijas, les presentan los inconvenientes, los riesgos, la generosidad que consagrar a Dios de por vida conlleva. La reflexión de los padres ayudó a las dos hijas a madurar en la decisión adoptada.

Continua el testimonio de Lola Casesnoves, hija del matrimonio Manuel y Adela, iniciado la semana pasada.

“Me ha salido así de larga esta explicación pero lo que quiero recalcar es que en este ambiente familiar y en el entorno que me movía no era difícil vivir como una buena persona. Qué bien nos lo pasábamos en la Catequesis con –Augusta Casanova- mi catequista y luego en Acción Católica con las reuniones, los teatros que hacíamos y las excursiones con el Sr. Abad y familias enteras pues creo que era una de sus grandes preocupaciones formar familias cristianas de verdad. Recuerdo un regalo que me hicieron siendo aun muy niña el Kempis, La imitación de Cristo y también recuerdo muy bien cuando con una de las chicas que estaba en casa ayudándonos por la tarde en su habitación hacíamos el Cuarto de hora de oración de Santa Teresa de Jesús.

Continua el testimonio de Lola Casesnoves, hija del matrimonio Manuel y Adela, iniciado hace unas semanas.

Qué pueblo... salió una maestra a esperarme, me pareció muy vieja y rancia aunque ella se las daba de graciosa y fuimos a casa del Párroco, un sacerdote joven, vasco a cenar, yo apenas hablaba, mi madre estaba encantada... fuimos a dormir a la pensión que era donde salía el coche. Nos acostamos juntas mi madre y yo. A las 4 de la mañana salía el coche que regresaba a Xàtiva. Mi madre me dijo: “Ya has visto, esto es un pueblo de misión, te quedas o te vienes”. ¿Que podía hacer una chica joven a esas horas? Desearle buen viaje y seguir durmiendo.

Después de ofrecerles el testimonio de la hija Lola, hoy les relato brevemente el testimonio de Carmen Casesnoves, la otra hija del matrimonio Manuel y Adela, que es religiosa salesiana.

Carmen Casesnoves es religiosa Hija de María Auxiliadora y trabaja como misionera en Venezuela desde hace muchos años y allí quiere terminar su vida.

¿Quiénes son la Hijas de María Auxiliadora?

Voy preguntando por Xàtiva sobre el matrimonio Casesnoves Soldevila y no cesan de contarme cosas, hechos, frases, acciones, cada cual más bonita y ejemplar. Lo cual indica la honda huella que dejó en Xàtiva don Manuel y su esposa doña Adela.

Cuentan que su casa era un hogar siempre de puertas abiertas: allí todos encontraban calor, ayuda, amor, comprensión: todo el que se acercaba era siempre bien recibido. Un hogar acogedor, un hogar cristiano.

Todos los testimonios que me llegan están relacionados con la virtud de la caridad, está claro que el amor es el mandamiento principal de la Ley de Dios y el mismo Jesús lo consideró como Mandamiento nuevo. San Pablo elogia el amor que el elemento más grande que puede ejercer el ser humano y el que nunca pasará, la fe desaparecerá, la esperanza culminará, el amor no pasará nunca. Por eso cuando me hablan de la caridad que ejercía este matrimonio, considero que están viviendo el Evangelio al pie de la letra. Cada gesto, cada acción, incluso cada palabra de los Siervos de Dios Manuel y Adela, son y constituyen un derroche de amor hacia los demás, de manera especial hacia los más necesitados.

No hace mucho tiempo, en la visita a la casa de una enferma, pude un cuadro con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, antiguo, plateado, de los que se fabricaban en los años 40 y que han permanecido a la venta hasta no hace mucho. Me alegré al verlo. Pero mucho más cuando la propietaria me dijo que ese cuadro fue un regalo de los Siervos de Dios Manuel y Adela en el día de su boda. Quien lo tiene, lo venera como una reliquia, le tiene un gran aprecio y con un cierto orgullo lo enseña con enorme satisfacción. Ante esa imagen reza todos los días para que el proceso de canonización de los Siervos de Dios llegue a feliz término y podamos ver en los altares a don Manuel y doña Adela.

Con los testimonios que me llegan a mí, quiero añadir una hermosa página del Padre Esparza publicada en su libro “Un matrimonio para la historia” páginas 91-93.

Declara así la testigo que estuvo de servicio en la casa de doña Adela:

Mucho me han contado sobre la muerte del Siervo de Dios, de su entierro y de las consecuencias de su muerte. Pero teniendo a mi lado a su hija Adela, recurro a ella para que me cuente qué paso aquel día, porque ella fue la última que vio con vida a su padre. Me ha dado por escrito su versión y tal y como es lo transcribo con su permiso:

“Nuestro padre, Manuel Casesnoves Soler, falleció el día 24 de mayo, festividad de María Auxiliadora, a quien él profesaba gran devoción, hasta el punto que todos los meses le rezaba la novena. Ella se lo llevó el día de su fiesta.

Y junto a este bellísimo y cariñoso testimonio de Adela tengo otros también preciosos de personas que oyeron y vieron lo que ocurría en aquella casa esos días y se les quedó grabado en el corazón y en la memoria.

El Abad don Juan Vayá fue avisado y acudió inmediatamente. Ya estaba muerto, por lo tanto rezó un responso y dijo: “Manolo Casesnoves, hombre parco en palabras y grande en los hechos”. Don Juan le conocía muy bien, era su confesor y era el Abad de la Seu y después de muchos años, conocía a todos. Lo que dijo en aquel momento lo dijo con conocimiento de causa y lo dijo de verdad y desde el corazón, el cariño y el dolor.

La familia recibió muestras de afecto de parte de muchas personas, de representantes de asociaciones religiosas a nivel diocesano y de muchos amigos. Este escrito es prueba de ello, se trata de una hermosa página publicada en 1958 en una revista, parece ser, de la Acción Católica. No tiene desperdicio y quiero compartir con todos los lectores. Dice así:

“¡Manolo Casesnoves! ¡Hermano, amigo! La noticia de tu muerte nos llegó inesperada y dura. Pero pronto el Señor nos envió el consuelo de tu lección. Quisimos saber de ti en seguida, y una voz –voz amiga de tantas veces medianera entre tú y yo–, a un tiempo trasluciendo el dolor y el gozo, nos dijo: Está en el cielo. Acababa poco antes de hacer su visita al Señor, como cada día. Ha muerto sin dolor, se nos fue en un instante.

La Sierva de Dios vivió treinta años más. Se le vio crecer por dentro en calidad cristiana, en personalidad, en santidad. Fueron treinta años de intenso trabajo para poder llevar adelante la familia tan numerosa y la preocupación por todos sus componentes.

La farmacia la delegó en su hija Pilar que ya ayudaba mucho a su padre en ese menester hasta que su hijo Manolo terminara la carrera de Farmacia y mientras tanto buscaron a una farmacéutica de la familia que facilitaría su título para que la farmacia pudiera estar abierta legalmente.

Continúa el testimonio del Padre esparza:

Padre, ¿Y la caridad, cómo la practicó la Sierva de Dios Adela?

Al hablar del Siervo de Dios Manuel, su esposo, ya expresé que ambos eran cómplices en la práctica de la caridad. Lo reafirmo ahora al hablar de Adela. ¡Los dos vivían la caridad, esa caridad constante, entregada y firme! La caridad de Adela era la expresión de lo que ella vivía, de lo que era su misma vida. Su caridad era siempre a fondo perdido. En su casa cabían todos. ¡Cuántos ejemplos y testimonios cuenta la gente de Xàtiva”! Repartía sin cesar, a nadie le negaba nada y siempre con la sonrisa en los labios. Fue un ejemplo de santidad y de generosidad.

Me interesa saber cómo acogió y vivió la muerte de su marido don Manuel y para ello recurro a su hija Adela que la tengo muy a mano y es un poso
de sabiduría y bondad.

Me dice Adela que fue un bombazo tremendo para todos, un hecho que te deja sin palabras y que sólo se te ocurre preguntarte y ¿por qué? La respuesta
de nuestra madre fue la que le dijo el Sr. Abad de Xàtiva don Juan Vayá, en cuanto se enteró: “Ya estaba maduro”.

Supo adaptarse a los tiempos nuevos, a acoger siempre en casa, no sólo a sus hijos, sino a los amigos de sus hijos aunque las ideas no coincidieran con las suyas. Siempre les decía lo que ella pensaba, tan bien dicho que se lo aceptaban, la querían y la respetaban. Lo cual a mí me agradaba mucho pues siempre creaba un ambiente de cordialidad, fraternidad y acogida. La gente se encontraba a gusto en nuestra casa y todo se debía a nuestra madre que sabía crear ese ambiente.

Desde siempre el centro de su vida fue Jesucristo, como buena cristiana nunca ocultaba su amor pleno a cristo, el Señor. Lo demostraba con su vida coherente con ese amor y con la fe que creía. Viviendo su marido, ella, desde novios, supo transmitir su fe a Manolo como ya hemos comentado y  seguido. En familia ambos vivieron a pleno pulmón el amor al Señor y lo supieron trasmitir a sus nueve hijos y demás familiares que compartían el hogar. Una vez viuda y vencidos aquellos primeros días duros de la viudedad, la Sierva de Dios, recuperó la normalidad y ahora quería dedicarse de lleno al apostolado, sin olvidar sus obligaciones familiares.