Casesnoves

La Sierva de Dios supo muy bien llevar su amor a Dios al testimoniocristiano manifestado en su amor al prójimo. Ya en vida de su marido, amboslo practicaban diariamente, ahora ella sigue la línea iniciada junto al Siervode Dios Manuel y es que cuando un cristiano llega a vivir con esa intensidadcomo vivía Adela su fe, el amor de Dios no puede quedarse replegado sobre sí mismo, ha de volcarse sobre los demás y de manera especial sobre los más necesitados, ahí radica la caridad perfecta de la que nos habla  Jesús y luego san Pablo en su Carta a los Corintios.

 

Ante los muchísimos compromisos que la Sierva de Dios incorporó a su vida de viuda, yo me pregunto, ¿cómo pudo con tantas cosas?, la respuesta es clara y rotunda: el Espíritu Santo es quien da fuerza y ánimo para llevar nuestro compromiso cristiano adelante a pesar de flaquear nuestras fuerzas humanas o  surgir problemas. El cristiano lleno de gracia, lleno de Cristo, lo puede todo y puede con todo, aquello del salmista, con Él a mi derecha, todo lo puedo. Adela pudo con todo y todo lo supo impregnar de amor.

La vida de oración es fundamental, hasta tal punto que sin la oración  es imposible llevar una vida cristiana, el  corazón se vacía totalmente y las ganas de apostolado desaparecen. La oración es el agua que riega la fe, lo predico muchas veces porque estoy convencido y lo experimento en mi vida como sacerdote. No podemos vivir sin el contacto íntimo con el Señor.

 

Para responder a esta pregunta he de recurrir necesariamente a su hija Adela que con enorme sentimiento y sencillez abre su corazón y recuerda
aquellos dolorosos momentos.

"Nuestra madre fue deteriorándose lentamente, sus bronquios le impedían respirar con normalidad, perdió el poco apetito que tenía y fue necesario hospitalizarla. Fueron tres semanas de sufrimiento y de gozo las que estuvimos en el hospital hasta que casi sin darnos cuenta mientras cenaba dejó de existir. De sufrimiento porque no creíamos que mejoraba, ni que nos dieran esperanzas. Había días y momentos en que sufría mucho.

 

El escritor e historiador que bucea por el interior de las personas e intenta penetrar en lo más profundo de su alma puede llegar a vislumbrar algo de la belleza que anida en su corazón y en el momento en que quiere darlo a conocer se encuentra en mil difi cultades.

Así me ocurre a mí al estudiar a los Siervos de Dios Manuel y Adela. He intentado recorrer sus vidas, me he acercado a sus personas y he contemplado el espectáculo maravilloso que ofrecen sus corazones tan llenos de todo lo bueno, digno de que Dios se vuelva a contemplarles con atención. Y todo esto quiero darlo a conocer mediante estas páginas escritas con respeto, con veneración, con gratitud.

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

Qué hermosa te ha hecho Dios,
eres luz, cielo, alegría
y ya me siento feliz
tenerte en mi compañía.

Presagio de la esperanza

que no me puede fallar
ya que nos quieres felices
por toda la eternidad.

Quién pudiera plasmar

la imagen por ti concebida,
con toda mi pequeñez
nada temiera en la vida.
Con tu ayuda, madre mía,
sembrando en la intimidad,
el fruto llegará a ser
resplandor de eternidad.

Ayúdame, ¡oh Madre!

a despertarme
pues, así tú lo hiciste
y unida a tu fiat
podré vencerme

Unida a tu dolor, oh Madre buena,
comparto en el silencio tu inmensa pena.
Tu ausencia; dulce cruz es mi lamento
aunque gracias te doy cómo lo siento.
Y es que el amor quedó desamparado,
ya no tiene la cruz entre sus brazos
y no sabe vivir sin su regazo.


Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

 

A tu llamada, Señor,
¿cómo he correspondido?
pues quince años ahora
que comencé tu camino.

Como esposa engalanada
de tus joyas me cubriste
obediencia, humildad,
si falté por negligencia
Tú me sabrás perdonar.

Enséñame a superar
lo que no he de comprender
y sea tu Voluntad
mi constante amanecer;
abierto mi corazón,
sin tener qué reservarme
pues Tú me lo diste todo
y nada puedo negarte.

Tu esclava soy oh mi Dios
y mi querer, siempre amarte.

Pido con toda humildad
el espíritu de mártir
para poder caminar
y del todo arrancar
estos hilos que atan
a tanta comodidad.

Mientras me repele la cruz
vacía está tu morada
no te hagas la ilusión
así, no consigues nada.

 

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

 

Mientras te repele la cruz
vacía está tu morada
no te hagas la ilusión
así, no consigues nada.

Tarea ruda, imperfecta.
¿cómo soñar despierta?
Apaga tus sentidos
percibirás la intimidad
de lo divino.

Me encendiste la luz
y vivo en las tinieblas,
me infundiste tu Espíritu
y es mi carne quien manda.

Cuántas veces te descubrí mi rostro
pero pasaste sin verme
ibas tan absorto en tu camino
que te impedía
el perderte en la intimidad de mi ser.

Dadme Señor más fe
que no te veo.
Dadme Señor más fe
que tambaleo.
Dadme Señor más fe
es mi mayor deseo.

Entonces...
la noche se hará luz
y tu amor mi libertad
y el ansia de darte gloria
mi mayor felicidad.


Sólo desde el amor
la libertad germina,
sólo desde la fe
van creciéndole alas.

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

En el desierto florecen también las flores

Hacer desierto en mi vida
sentir tus pasos cercanos
y tu presencia me haga
describirte en el hermano.

Te busco, Señor, sin encontrarte, pues,
mis gustos y mis caprichos van por delante.
Si me hundo en mi yo
estoy perdida. Tú has de ser mi esperanza y mi alegría
para poder caminar por esta vida.

Señor que dé testimonio de mi fe y amor.
Si al menos por un momento
te encontrara
cautiva de tu amor
yo me quedara.

Cepíllame fuertemente
para que no se me pegue
el polvillo de la tierra,
pues tan hermosa la hiciste
que sin querer, se me van
los ojos en pos de ella.

Como me encanta el Tábor,
me intimida el bajar,
ponerme en marcha,
porque ignoro
tus caminos, Señor.

 

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

Siempre dispuesta para el Señor

Qué puedo yo darte a Ti
para poderte agradar,
toma de mí cuanto soy
y no te deje de amar.

Imposible comprenderlo
pero me fío de Ti
aunque todo me lo pidas
he de decirte que sí.

Y superando el presente
con tan amargo sabor
gozarás enteramente
del amor, siempre el amor;
goza sintiéndote amada
por Dios, que es amor.

Si abierto queda mi corazón sincero
en mí sabiduría inculcarás,
y tu luz inundará el camino
de esta tierra sedienta de verdad
y ante mi gran pobreza iluminada
y rostro de Dios descubrirás.

Amor de Dios que es testimonio,
servicio y amor al prójimo.

Quiero abrasarme en tu amor
y mi vida sea ejemplo
en el gozo y el dolor.

Amar, Señor, de tal manera
que mi vida, en servicio convirtiera,
pues, locura sería
desconocer tu carne redimida
presentarme ante Ti
con las manos vacías.

 

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

Orar, siempre orar, ahí está mi fuerza

Quemarme, vibrar y consumirme
en el Espíritu Santo, irradiando caridad.

Llenarme de Dios en la oración,
me obliga a evangelizar.

Mi vida es oración
y de tal manera entregada
que todo lo tengo en nada
sin nutrirme de oración.

Quien poco ora
poco ama.

Sólo os pido oración
lo único que perdura
y no se borra jamás.

Déjame hacer en tus manos
para que pueda crecer.
Déjame hacer en tu luz
para que pueda ver.
Déjame hacer en tu cruz
para poderme ofrecer.
Déjame hacer en tu amor
y te sabré comprender.

Que sepa buscar y descubrirte siempre
a través de todos los acontecimientos
de mi vida y aceptarlos como buenos que son.
¿Qué quiere Dios de nosotros?
Somos y estamos en Dios.
¿Qué es lo que buscamos en Dios?

 

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

En Ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz

Cuando de mí nada quiera
tan sólo amor para amarte
será mi oración más pura
y mejor para entregarme.

Pues ya que
buscándome a mí misma
no te he hallado
desasida de todo, te he encontrado,
amor crucificado.

Me ha dado cita el amor
un amor crucificado,
si aceptas la invitación
sabrás de quién te has fiado.

Mi trabajo, oración,
disponibilidad mariana,
fortalecerá mi fe,
quitará toda desgana,
anulándola,
abrirá brecha en mi alma.

Sólo tú, Señor, llenas mi vida.
Sólo tú, Señor, colmas mi anhelo.
Sólo tú, Señor, templas mi fuego.
Sólo tú, Señor, mi consuelo.

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

Mi vida es Cristo

Todo es don de Dios éste que yo gozo,
y debiera empapar todo mi ser.

Tú eres el único
camino, verdad, vida eterna.

Qué me importa la vida,
qué me importa el dolor.
Lo que me importa es tu voluntad, Señor.
Usar de las cosas, no gustar de ellas.
Gustar sólo de Cristo;
enamoramiento espiritual.

Transparentar a Cristo;
en esto nos conocerán.

No vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gal 2,20)

Vivir las experiencias de mi bautismo,
siendo testigo íntimo y externo
de vida cristiana.

Vivamos en la intimidad del Espíritu
y no nos equivocaremos.

Tu mirada acaricia
promete ensueños
qué feliz yo me siento
junto a mi dueño

Tu mirada da luz
sana alegría
qué feliz yo seré
junto a mi vida.

Tu mirada es
de firme esperanza
junto a ti mis anhelos
colmarán mis ansias.

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

Soy Templo del espíritu Santo

Ven Espíritu Santo
arranca de mi corazón
todo obstáculo, que me impida
tu acción, perseverando
en constante inmolación.

Atenta a tu llamada
en actitud de espera
nada turbe mi paz
es todo una quimera
que pronto pasará,
tan sólo el amor perdurará.

Para Ti, sólo mi amor
de tal manera
que nada me cautiva
ya en la tierra.

Que no se quede
en frase, mi esperanza
házmela sentir
en gran pujanza.

 

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

Siempre con las lámparas encendidas

No me importa este mundo,
de este mundo sus cosas, esta tierra
pues será mucho mejor
lo que me tienes que dar.
Insensata yo sería
si a tu llamada postrera
apareciera dormida.

Oh fugaz ilusión
de la vida,
qué sería de mí
sin tu firme esperanza.
Transida de dolor
el sollozar del alma
se eleva hacia ti
buscando anhelos
que mitiguen la sed de mis desvelos.
¿Si pudiera decirles
lo que siento…?
Déjame ya morir en mi lamento.

Que cambie todo mi ser
llegar, poder gozar
con alegría en la vida
y en toda la eternidad.
Con su magnitud se eleva
y nos hace comprender
el más allá de las cosas.

Poesías de la sierva de Dios Adela Soldevila

Viene el esposo: salid a su encuentro

Si la tempestad en vida os hace titubear
no lo olvidéis, no temáis
viene la luz e ilumina para seguir,
entonar el Aleluya, que ampare vuestra estrella
con toda claridad.
Os esperamos a todos en la eternidad
de Dios, donde gozaremos participando de su amor.

Me encanta contemplar
Los picos de las montañas
majestuosas se elevan
haciéndome comprender
el más allá de las cosas
y el poder de nuestro Dios
que de la nada las hizo
para que gozara yo.

Una muerte caliente en tu regazo
no sentir el frío de lo inerte
pues, comienza entonces nuestra vida,
¿por qué temerte? Liberación cumplida.
Ni tristeza ni llanto
quien pone en la verdad
todo el encanto.

En el atardecer de la vida
las flores se van secando
y el contar de los años
presagia un nuevo encanto
con la luz de la esperanza
que se agranda y da alegría
contemplando la alborada feliz
del eterno día.